Personajes en la vida de Teresa

Santa Teresa y San Juan de la Cruz

“Gran provecho hace este descalzo que confiesa aquí ” STJ

César Omar Hernández García

San Juan de la Cruz, a quien se celebró el pasado 14 de diciembre, tiene un extenso itinerario de encuentro enamorado con Dios. Como para todos, su historía personal y quienes lo acompañan serán fundamentales para formar el talente de semejante místico, hoy lo recordamos especialmente en su encuentro con Teresa de Jesús, su gran compañera y maestra en la aventuras de responder al Amado en Él transformado.

San Juan de la Cruz nace en 1542, en Fontiveros, un pequeño pueblo de Ávila, de economía agrícola y ganadera, con una pequeña industria de telares. Es el segundo de los tres hijos de Gonzalo de Yepes y Catalina Álvarez, modestos tejedores.

La vocación religiosa le lleva, con 21 años, a ingresar en los Carmelitas de Medina, con el nombre de Fray Juan de Santo Matía. Su vocación es claramente contemplativa y eremítica.

Se ordena como sacerdote en la primavera de 1567, y se decide a ingresar en la Cartuja, orden eremítica alejada de la inestabilidad de su orden en un momento de reforma del Carmelo.

En medio de esta crisis se produce el decisivo encuentro con Santa Teresa de Jesús, en otoño de 1567 en Medina. La Madre fundadora, que proporciona su propio testimonio en las Fundaciones (3,16-17), le ofrece la alternativa de ayudar en la reforma.

En agosto de 1568 abandona Salamanca para acompañar a Teresa de Jesús en su fundación femenina de Valladolid, en este viaje se familiariza con el nuevo talante de la reforma Teresiana. Poco después funda el primer convento masculino de la orden del Carmelo Descalzo, según la Regla primitiva y no mitigada de la Orden del Carmen, el 28 de noviembre de 1568, ceremonia en la que cambia su nombre por el de fray Juan de la Cruz.

En la primavera de 1572 Santa Teresa lo reclama como Vicario y confesor de las monjas de la Encarnación, donde permanece hasta diciembre de 1577, acompañando a Santa Teresa en la fundación de diversos conventos de Descalzas, como el de Segovia.

En este contexto, la noche del 3 de diciembre de 1577, Juan de la Cruz es apresado y trasladado al convento de frailes carmelitas de Toledo, donde comparece ante un tribunal de frailes calzados que le conmina a retractarse de la Reforma Teresiana. Al negarse, es declarado rebelde y contumaz. Ahí empieza a redactar el Cántico espiritual.

El 28 de noviembre de 1581 tiene lugar en Ávila su último encuentro con Teresa de Jesús, en el que tratarán de la fundación de Granada y Burgos. Los cofundadores del carmelo no volverán a verse.

Santa Teresa había visto en Juan un alma muy pura, a la que Dios había comunicado grandes tesoros de luz y cuya inteligencia había sido enriquecida por el cielo. Los escritos del santo justifican plenamente este juicio de Santa Teresa, particularmente los poemas de la «Subida al Monte Carmelo», la «Noche Oscura del Alma», la «Llama Viva de Amor» y el «Cántico Espiritual», con sus respectivos comentarios. Así lo reconoció la Iglesia en 1926, al proclamar doctor a San Juan de la Cruz por sus obras Místicas.

Basten algunos textos de los escritos de Santa Teresa de Jesús para saber como acompañó, formó y se dejó acompañar de este amigo fuerte de Dios. De la entrañable amistad y proyección que juntos realizaron en la ¡Empresa de su Majestad!

“Llámese fray Juan de la Cruz. Yo alabé a nuetro Señor, y hablándole, contentómeme mucho”  Fundaciones 3,17

“Yo me fui con fray  Juan de la Cruz a la fundación que queda escrita en Valladolid”. Fundaciones 13,5.

“Había lugar para informar al padre fray Juan de la Cruz de nuestra manera de proceder, para que llevase bien entendidas todas la cosas”. Fundaciones 13,5